Mala señal envía un dictador cuando le aplaude a un país, o si se prefiere, detrás del beso del diablo hay algo más que una metáfora.

El “¡Viva México!” que pronunció Nicolás Maduro durante su toma de posesión apócrifa el día de ayer se interpreta como un guiño al gobierno del presidente López Obrador por haberse desmarcado de las recientes decisiones tomadas por el Grupo de Lima, en particular, sobre el no reconocimiento de Maduro como presidente de Venezuela.

El “¡Viva México!” de Maduro acompaña a la ruptura de relaciones diplomáticas con Venezuela anunciada por el presidente de Paraguay, también a la condena de la Unión Europea y a la prohibición que lanza Argentina en contra de los políticos de la cúpula de Maduro: no podrán ingresar al país de Macri.

El “¡Viva México!” de Maduro ocurre el día en que el ministro de Exteriores de Chile le dedica unas palabras de felicitación al dictador: “Al asno se le reconoce por su rebuzno”.

El “¡Viva México!” de Maduro se escucha el día en que la Asamblea Nacional, la legítima, no la apócrifa como la constituyente, declaró al dictador como usurpador del poder.

El “¡Viva México!” de Maduro ocurría mientras Perú llamaba a consultas a su encargada de negocios de la embajada de Caracas.

El grito de “¡Viva México!” de Maduro ocurrió en el momento en que la Organización de Estados Americanos anunciaba el resultado de una votación sobre una resolución sobre el desconocimiento al mandatario venezolano: 19 votos a favor, ocho abstenciones y un ausente. México decidió abstenerse.

El “¡Viva México!” de Maduro se escucha en el momento en que la ministra de Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, escribe lo siguiente: “Habiendo tomado el poder a través de elecciones fraudulentas y antidemocráticas celebradas el 20 de mayo del 2018, el régimen de Maduro ahora está totalmente arraigado como una dictadura”.

El “¡Viva México!” de Maduro ocurre el mismo día en que la Unión Europea describe como “lamentable” la asunción del dictador.

En efecto, se trata del viva México más triste de la historia. De ahí que lo mejor sea eliminar los signos de admiración.

Orgulloso, el presidente López Obrador se regodea de que los principios diplomáticos de México son como letra escrita sobre piedra cavernaria. Yo me desmarco. El nacionalismo es el bochorno del momento. De Italia a Hungría y de Estados Unidos a Reino Unido, los nacionalismos se están encargando de sumergir a las instituciones. Claro, a las débiles instituciones.

La palabra “soberanía” comenzó a ser desmontada en Europa en 1956. Lo hicieron seis países para evitar guerras entre ellos. De seis han pasado a 28. Algunos de ellos están cayendo en la tentación del populismo.

Para López Obrador, el principio de no intervención prevalece sobre la violación de derechos humanos. Así, lo mejor es no mirar hacia Venezuela.

Ayer, yo no me sentí mexicano.

FaustoPretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.